domingo, 30 de septiembre de 2012

“Le vamos a firmar un contrato de cinco minutos y luego ya veremos”



De todos es sabido que uno de los más graves problemas del mercado laboral español es la elevada tasa de temporalidad. La comparación con los países de la Unión Europea no deja lugar a dudas: la temporalidad que padecen los trabajadores españoles es una aberración.


Se ha extendido la idea de que la causa principal de esta elevada tasa de temporalidad hay que buscarla en nuestro ineficiente modelo productivo en el que tienen mucho peso actividades de temporada y con poco valor añadido. Veamos:


Otros países con un modelo productivo similar al nuestro tienen tasas de temporalidad muy inferiores a la nuestra. Países que no han alcanzado nuestro nivel de desarrollo también tienen una tasa de temporalidad muy inferior a la española.

Evidentemente, el peso que tienen en nuestra economía determinadas actividades de temporada u otras con escaso valor añadido influyen en la tasa de temporalidad, pero esto no explica las diferencias que se observan entre, por ejemplo, Turquía o Grecia y España. Éstas en ningún caso pueden ser explicadas por las diferencias existentes entre las estructuras productivas turca, griega y española. Si aún hay alguien que crea que nuestra aberrante tasa de temporalidad está relacionada con la peculiaridad de nuestra economía y que está causada fundamentalmente porque hay en ella un peso muy elevado del sector turístico y de otras actividades típicamente temporales, que mire el siguiente gráfico[1]:


El gráfico expresa las diferencias entre España y la Unión Europea en la tasa de temporalidad y en la composición del empleo asalariado por sectores. En la composición sectorial del empleo asalariado no hay grandes diferencias, exceptuando algunos sectores como la sanidad y la construcción. En las tasas de temporalidad, sí: en absolutamente todos los sectores, la tasa de temporalidad española es más elevada que la media europea; en casi todos, mucho más elevada; en ninguno, despreciable.

Alguna peculiaridad ha de tener nuestro mercado laboral que explique por qué las tasas de temporalidad por sectores productivos son tan diferentes en la UE y en España. Es posible que esta peculiaridad esté contribuyendo a perpetuar este modelo productivo que queremos cambiar. Será muy difícil ir hacia un modelo productivo más eficiente con estas desorbitadas tasas de temporalidad. La singularidad española es una regulación del sistema de contratación que permite, alienta e incentiva el uso generalizado de contratos temporales.

Finalmente, ¿quiénes son los trabajadores temporales?


La tasa de temporalidad que padecen nuestros jóvenes es demencial en un grado sólo comparable a las tasas de paro que soportan y a la escasa sensibilidad que muestra el Gobierno hacia ellos. La juventud española se enfrenta a un mercado laboral hostil, lo cual tiene consecuencias negativas en todo el tejido social: postergación de proyectos de futuro, retraso en el abandono del hogar familiar, retraso en la maternidad… Nuestro mercado laboral no acoge a nuestros jóvenes y está empezando a expulsar del país a los mejor preparados.





Las mujeres padecen más la lacra de la temporalidad y la inseguridad que los hombres. Una parte no despreciable de la brecha salarial entre hombres y mujeres puede ser explicada por la mayor tasa de temporalidad que padecen las mujeres[1], ya que un trabajador temporal cobra aproximadamente un 15% menos que un trabajador fijo equivalente.

Conclusión


Padecemos un mercado laboral que a una tasa de desempleo desconocida en el mundo desarrollado une una tasa de temporalidad descomunal. Ambos elementos conforman un mercado laboral extravagante y requieren de actuaciones decididas para corregirlos. Las soluciones aplicadas durante los últimos treinta años han demostrado su ineficacia y es inútil insistir en ellas. Si continuamos reparcheando nuestro modelo de contratación ya sabemos lo que pasará; pasará lo mismo que ha sucedido después de cada una de las múltiples reformas: en el mejor de los casos, nada; en el peor, hoy, una catástrofe. No podemos esperar seguir haciendo lo mismo de siempre y obtener resultados distintos.






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