lunes, 26 de noviembre de 2012

Torturadores “apatrullando” la ciudad


“Le propinaron los cuatro acusados mencionados indistintamente reiterados golpes y puñetazos por todo el cuerpo, pisándole la cabeza contra el asfalto y agarrándole por el cuello para impedir que gritase;
(…) Durante el traslado de Celso hasta las dependencias policiales, el acusado Indalecio, actuando de común acuerdo con los dos acusados Ovidio y Argimiro, (…) le introdujo en la boca la pistola que portaba, exigiéndole que: "reconócelo todo si no te tiraremos por un barranco", expresándole que: "si la jueza te suelta, te podemos matar, no serías el primero". (…) Haciendo, los tres, caso omiso de la petición, entre sollozos, que expresaba Celso, rogándoles que lo dejaran de golpear porque era hemofílico. (…) Al tiempo que el acusado  Indalecio le seguía golpeando, a pesar de que el acusado seguía sollozando y rogando que parara, repitiendo que era hemofílico y podía morir, a lo que el agente le contestó: "más valía", saliendo, en ese momento, uno de los agentes (…) que estaba aquella noche de servicio en comisaría y quien dijo a sus compañeros acusados que pararan, que había cámaras grabadoras. (…) El referido día (…) el acusado Luis Antonio, con la posterior ayuda del acusado Efrain, ambos de paisano y sin identificarse en ningún momento como policías, actuando ambos con el propósito de privarla de su libertad sin motivo alguno (…) apretaron del cuello, para que dejara de gritar, a la novia de  Celso, Leocadia, a la sazón embarazada de tres meses, la sujetaron de ambos brazos y la agarraron fuertemente de sus cabellos, siendo arrastrada por ambos acusados hasta otro vehículo policial donde la introdujeron a la fuerza y la trasladaron a Comisaría”. Esto es un extracto de los hechos declarados probados por la Audiencia Provincial de Barcelona en el juicio contra los cuatro “mossos” indultados por segunda vez.

“Las Fuerzas y Cuerpos de seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana”. Esto es lo que dice el artículo 104 de la Constitución española.

Personas que tienen como importante misión defender los derechos y libertades de los ciudadanos apalearon a un ciudadano enfermo, le pusieron una pistola en la boca y le amenazaron de muerte. Un colega les recriminó su actuación, no porque fuera contraria a los derechos de los ciudadanos que habían jurado defender, sino porque había cámaras que les podían grabar. También maltrataron y privaron de su libertad sin motivo a una mujer embarazada.

Hace meses el Gobierno les indultó: les rebajó la condena a 2 años y les permitía reingresar en el Cuerpo. A pesar de ello, la Audiencia Provincial ordenó su ingreso en prisión por “razones de prevención general y especial, de peligrosidad criminal, de repulsa y de alarma social”. Ahora el Gobierno les ha indultado por segunda vez, no tendrán que entrar en prisión y podrán seguir “apatrullando” la ciudad.

Con esta decisión el Gobierno se ha puesto del lado de los torturadores y en contra de la policía, de los ciudadanos y de la democracia. Además, ha despreciado a las personas que fueron víctimas del delito.

La policía queda manchada porque entre sus miembros tiene torturadores que han demostrado que no les interesan los derechos y libertades de los ciudadanos; además, a otros que sean como ellos y que no merecerían ser policías se les envía un mensaje perverso: podéis torturar porque el Gobierno garantiza vuestra impunidad. Los ciudadanos no podemos fiarnos de la policía, ya que cuando tratemos con uno de ellos tendremos la duda de si lo estamos haciendo con un torturador ante el que no tenemos defensa porque el Gobierno le garantiza la impunidad; los ciudadanos también sabemos que para luchar contra los abusos policiales acudir a los tribunales no es una opción. Finalmente, el estado democrático queda mortalmente herido, ya que, a la ignominia de dar impunidad a los torturadores, se añade el desprecio a las resoluciones judiciales adoptadas en un proceso con todas las garantías. Todo ello muy similar a lo que sucede en los estados totalitarios.

Por cierto, Puig (el consejero de Interior que prometió “tensar la ley hasta allí donde esté permitido y un poco más") y Fernández Díaz, ministro de interior, que tanto discrepan sobre el lugar en que se han de poner las fronteras, están completamente de acuerdo en que en su estado, ya sea Cataluña o España, se ha de proteger a los policías que, en lugar de defender los derechos y libertades de los ciudadanos, los vulneran. En esto coinciden con Franco, Pinochet, Saddam Hussein y tantos otros.

4 comentarios:

  1. Tu libertad acaba cuando empieza la de los demás, tanto aqui como en Pekin.

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  2. La libertad solo se alcanza plenamente cuando te despojas del peso aplastante del miedo.........

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  3. Mi nieto, (que ahora en enero va a cumplir 4 añítos) después de ver las cargas policiales que dias atrás tubieron lugar en los alrededores de la Moncloa, me dijo el otro dia con su preciosa carita compungida "iaia, ten cuidado en Barcelona con los policias, que pegan a la gente".
    Cómo le explico yo que los policias estan para ayudar, y que si algún dia se perdiera debe encomendarse a uno de ellos??

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  4. El PP, en realidad todos estos gobiernos que nos quieren pasar por democráticos, indulta a banqueros y policías torturadores pero se lo niega a presos reinsertados. Una prueba más de la calaña asquerosa que nos gobierna. ¿Hasta cuándo?

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