martes, 22 de enero de 2013

¿Qué podemos hacer por la sanidad pública?


Desde el movimiento de oposición al plan del Gobierno de la Comunidad de Madrid de privatizar la gestión de la sanidad pública, se ha planteado como alternativa un proyecto de autonomía de gestión de los 27 centros de salud que está previsto sacar a concurso. Un proyecto similar a este, que pretende frenar los planes privatizadores del gobierno madrileño, fue presentado a finales de 2008 por la Dirección del Institut Català de la Salut (ICS) en la Mesa Sectorial. Así explicaba el ICS la propuesta: “La voluntat de l’empresa pública és implantar un model d’organització que s’orienti a la millora dels resultats assistencials i econòmics, a l’increment de la capacitat de decisió sobre l’organització i la gestió de l’activitat i dels recursos, amb la corresponsabilització dels resultats per part dels equips assistencials. El projecte s’emmarca dins la naturalesa corporativa de l’empresa pública amb descentralització de la gestió i aplicació del règim estatutari als professionals”. Se estableció una fase inicial con un prueba piloto en 10 equipos de atención primaria. La representación sindical no recibimos el proyecto con entusiasmo y hubo quien pidió su retirada porque “l’ICS no està preparat per assumir projectes d’aquest tipus”, dando así argumentos a aquellos que menos cariño le tienen y que están al acecho para repartirse el botín.

Me venía esto a la memoria cuando leía que “la hostilidad miope del sindicalismo” ha sido uno de los factores que ha hecho que la mejora de la gestión de los centros sanitarios públicos haya avanzado poco (José R. Repullo: “La mala senda de la sanidad pública”).

Es posible que los sindicatos hayamos sido un agente conservador de unas formas de gestión que tienen su origen en el modelo de seguridad social implantado por el franquismo. Esto ha sido así, a veces por mera resistencia al cambio, pero en muchas otras ocasiones por desconfianza hacia los que planteaban las reformas. Por ejemplo: el último proyecto de reforma del ICS, que preveía la entrada de capital privado, lo impulsó una persona muy conocida en Reus, que compatibilizaba la presidencia del Consejo de Administración del ICS con la vicepresidencia de USP. Otras veces hemos apostado por la modernización de la gestión de la sanidad pública, pero los directivos no han estado a la altura. Así sucedió cuando firmamos un Pacto de Selección Temporal que introducía elementos novedosos en la valoración de los aspirantes, como la evaluación del desempeño; acabamos denunciando el Pacto porque hubo mandos intermedios que convirtieron la discrecionalidad en arbitrariedad sin que la Dirección hiciera nada para evitarlo. Con razones o sin ellas, es cierto que en algunas ocasiones los sindicatos hemos ejercido resistencia a los cambios necesarios en el gobierno de la sanidad pública.

De todas formas si ha habido en algunos sitios escasos avances en la modernización de la gestión de la sanidad pública y en otros un deterioro evidente, la responsabilidad principal corresponde a los partidos políticos que no han renunciado a la ocupación partidista de los puestos de dirección y sí han renunciado a profesionalizar la gestión de los centros sanitarios públicos. Por ejemplo, el ICS ha tenido 4 directores gerentes en 6 años y no se conocen ni cuáles fueron sus méritos para nombrarlos ni sus deméritos para sustituirlos. La elevada rotación de los gestores y la falta de criterios para escogerlos no contribuyen a la buena gestión de la empresa. Y en esto los sindicatos no tenemos nada que ver. Como dice Repullo, “es la profecía autocumplida: ‘Digo que no funcionan y me aseguro de que no lo hagan’”.

Ante esta situación de la sanidad pública, si no queremos que pase como en Ganímedes, los sindicatos debemos ser un agente de cambio y contribuir a la adaptación de nuestro sistema de salud a la sociedad del siglo XXI y a la modernización de su gestión. Nuestra acción no puede ser una mera reacción ante los proyectos de cambio que solo sirva para dificultar los, necesarios o no, cambios organizativos y laborales; tampoco es un buen complemento de esta actitud la impugnación judicial de cualquier medida impopular que perjudique a quienes representamos. Nuestra actitud reactiva y de oposición desgasta nuestras fuerzas es muchas veces inútil y hace más difícil la elaboración de un discurso alternativo.

En CCOO ya hemos comenzado este debate. En el marco del X Congreso de CCOO de Cataluña se hizo un debate con el título “Crisis, salud, sistema sanitario y sindicalismo”. Creo que deberíamos recoger muchas de las cosas que allí se dijeron. La sanidad pública requiere cambios profundos para garantizar su viabilidad y su gobernabilidad y para garantizar la universalidad y la equidad en el acceso. CCOO deberíamos actuar liderando estos cambios e incorporando a nuestras propuestas las experiencias de aquellos países que lo han hecho bien y seguir recogiendo las opiniones de los expertos en organización y gestión sanitarias y en economía de la salud, que están proponiendo alternativas que están tan alejadas del obsoleto modelo jerárquico y burocrático actual, como del modelo de mercado gestionado por fondos de alto riesgo en el que el mayor riesgo, si no el único, lo asumimos los ciudadanos. Necesitamos un nuevo modelo basado en una serie de principios básicos: equidad en el acceso, eficiencia, calidad asistencial, gestión profesional, autonomía de gestión y rendición de cuentas, incentivación de los profesionales, transparencia, etc. Una propuesta de este tipo, elaborada teniendo en cuenta la opinión de los expertos que están comprometidos con la sanidad pública, tendría más posibilidades de ser tenida en cuenta por quienes pueden hacer algo y sería una buena base para lograr un acuerdo social y político cuyo objetivo fuera garantizar la viabilidad futura de la sanidad pública. Estamos trabajando en ello. Nosotros, en serio.

2 comentarios:

  1. Un article valent i intel·ligent, que convida a la reflexió i al treball de repensar el model organitzatiu de la sanitat pública, lluny de la reivindicació fàcil de que no es toqui el que ja conec i m'és còmode. I o ho fem els qui ens l'estimem, fent-lo més flexible i sostenible, o ho faran de fora amb sòlids arguments de governança i sostenibilitat. Cal posar també en les relacions laborals els drets i les expectatives de l'usuari per davant de les del funcionari, les necessitats del servei públic per davant dels interessos del funcionari, i atacar en tot cas l'arbitrarietat. Evitar un marge de discrecionalitat i poder de decisió en les organitzacions és incompatible amb parlar d'autonomies de gestió, corresponsabilització o rendiment de comptes. Pressuposar que es farà malament, i evitar que els gestors es puguin equivocar, ens debilita molt més que enforteix, perquè el món no volta en aquest sentit. I quan no hi ha marge en un sistema, estem més a prop de veure com ens el canvien, segur. Garantir el nuclear de les formes de provisió públiques, i flexibilitzar el dia a dia permetria mantenir un discurs potent i de progrés. Per contra, defensar el statuts quo ens presenta davant la societat com un sector privilegiat especialment en moments de crisi i atur, i aquesta és una batalla que no s'ha de perdre mai. Ànims i a treballar!

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    1. guanyarem2012,

      Gràcies pels teus comentaris. Estem d'acord.

      Lamentablement, de vegades sembla que anem al pitjor dels móns possibles, que és l'autonomia i el poder de decisió sense retiment de comptes ni assumpció de responsabilitats.

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