domingo, 24 de febrero de 2013

Toxo está de acuerdo conmigo

CCOO ha emitido en directo su X Congreso Confederal y ha colgado en internet los vídeos de muchas intervenciones y, por supuesto, las del secretario general. Me he tragado las tres intervenciones de Ignacio Fernández Toxo (disciplinado que es uno) y me he quedado un poco sorprendido. Quien tenga interés o padezca insomnio puede acceder a las tres intervenciones un poco más abajo; las tres juntas son casi como un discurso corto de Fidel.

Como decía, me he quedado un poco sorprendido. La sorpresa no es por lo que ha dicho Toxo, sino por la reacción del auditorio. Los asistentes al Congreso aplaudían cuando Toxo decía cosas que cuando yo las digo son recibidas, en el mejor de los casos, con absoluta indiferencia; en la mayoría de ocasiones, con un rechazo frontal y absoluto. Algunas personas, pocas, me tratan como si hubiera cometido un sacrilegio o una blasfemia; son aquellas para quienes las ideas son una verdad revelada y que están inmunizadas contra los datos. La realidad, por tozuda que sea, sólo sirve para poner a prueba sus firmes convicciones.

Ahí van algunas de las cosas que tan mal recibidas son cuando yo las digo y entrecomillado lo que ha dicho Toxo en el X Congreso. No es que yo sea muy listo y ahora Toxo haya visto la luz; es más bien lo contrario: Toxo y muchos de los documentos elaborados por CCOO hace tiempo que dicen algunas de estas cosas; sólo hay que leer y escuchar. Habrá que reflexionar sobre por qué generan tanto rechazo cuando no las dice el jefe; no digo ya lo que pasa cuando lo que se plantea hasta el jefe lo ha rechazado.

Deuda y déficit. La deuda pública es un lastre para la economía, una herencia envenenada que vamos a dejar a las futuras generaciones y que pone en peligro el estado de bienestar. Como ante la crisis han aparecido muchos economistas tan aficionados como despistados, en CCOO también, hay quien defiende con los más peregrinos argumentos que no tenemos un problema ni de déficit ni de deuda.
"No hay salida sólo en la austeridad. La deuda y el déficit, para que no nos malinterpreten de forma interesada, no son una buena compañía para la gestión de la actividad económica, para el sostenimiento del estado social, para la generación de empleo, es decir, para reducir las tasas de paro. Nosotros no somos, contrariamente a lo que se afirma, quien no nos lee o no nos sigue, los apóstoles de la deuda y del déficit público. La deuda y el déficit público son una losa que carga sobre el funcionamiento de nuestra economía y está provocando estragos en el terreno del empleo y en el terreno social. La coartada, además, que se utiliza para una política de profunda involución de un modelo de éxito construido en Europa después de la segunda guerra mundial. (…) No podemos, aunque sólo fuera por esto, no podemos dejarles la deuda y el déficit como una hipoteca que condicione la vida de las futuras generaciones en nuestro país." 
La deuda hay que pagarla. No hay opción. El mero hecho de plantear dudas sobre este asunto nos hace daño. Recientemente hay quien ha planteado que si la Generalitat quiere equilibrar el presupuesto de 2013, “ha de procedir al reordenament del deute”. Me quedé solo cuando dije que eso era una barbaridad. 
“Nosotros podemos decir, gritar, salir a la calle a decir que la deuda es ilegítima. Si este país tomase un día la decisión de no pagar la deuda… este año tenemos 230.000 millones de euros de necesidades de financiación… la economía española se colapsa. (…) Nosotros no defendemos mejor los intereses de la gente declarando la deuda ilegítima y en su caso llamando al impago de la misma. Otra cosa es lo que estamos haciendo que es reclamar tiempo y precio adecuado para que la economía española pueda enfrentar el reto desde el desarrollo de la actividad económica de reducir sustancialmente las tasas de desempleo que tiene nuestro país. Podemos quedar muy bien en la foto pero va a quedar fatal la gente, va a quedar fatal la gente (…) En estas cuestiones el sindicato tiene que ser tremendamente serio y riguroso (…) Yo no sé si habrá que ir a una reestructuración de la deuda como fue Grecia, pero ojo eh, tenemos el fondo de reserva de la Seguridad Social invertido en deuda pública española. ¿A ver qué pasa? ¡Cuidado, eh, con determinadas aventuras relacionadas con las cosas de comer!”
 Algo habremos hecho mal para que muchos trabajadores y la sociedad en general nos perciban como acomodados y alejados de la realidad de las empresas. Hemos de cambiar nuestras formas de hacer y de comunicarnos con la sociedad. La respuesta habitual a esta idea es que desde determinados medios hay orquestada una campaña feroz contra el sindicalismo. Es cierto que algunos medios no nos tienen especial cariño, pero eso no explica que tengan tanto éxito.
“Nosotros también estamos aquí. Y no todo va a ser poner deberes a los demás (…) hay una campaña brutal contra el sindicalismo en nuestro país (…) pero también tenemos que saber que no todo lo que nos pasa depende de agentes externos, que hay cosas que nos pasan porque las hacemos mal, porque nos presentamos mal… Mirad, no es cómo nos vemos nosotros, es cómo nos ve la gente, cómo nos percibe la gente y tenemos que conseguir que nos perciba como lo que queremos ser, como nos queremos ver nosotros, como un instrumento útil y ahora más, la gente que más nos necesita que es la que está más alejada de las organizaciones sindicales.”
Cura de adelgazamiento. A lo mejor la reducción de recursos económicos y de horas sindicales que hemos sufrido no nos viene mal del todo. Deberíamos aprovecharla para reducir la grasa que hemos acumulado durante los años de bonanza. La grasa, no el músculo.
Nosotros tenemos a gala ser una organización autónoma, independiente, pero probablemente la sociedad no nos perciba así, en parte por la campaña y en parte porque a lo mejor emitimos señales no muy adecuadas. Tenemos que reforzar la idea de la autonomía y de la independencia, que no puede ser sólo de la política, o de la política partidaria, tiene que ser también cada vez más autonomía financiera; depender básicamente, ya lo estamos haciendo, de las cuotas de la gente que se afilia porque quiere tener una organización que les sea útil para la defensa de sus intereses y esto es lo que nos ha llevado, entre otras cosas, al adelgazamiento que espero que se materialice en este congreso de la superestructura política del sindicato (…) Tenemos que reducir sensiblemente la superestructura.” 
Consejos de administración. Creo que si no tenemos capacidad para incidir en la toma de decisiones deberíamos salir de todos los consejos de administración en los que estamos.
“No sé si merece la pena mantener invariable nuestra posición de mantener nuestra presencia en los consejos de administración.”
Formación. Deberíamos gestionar directamente sólo la formación sindical. La gestión de la formación continua no es una tarea propia del sindicato y además nos está haciendo mucho daño.  
“Reflexión sobre la participación del sindicato directamente en la impartición de formación. Tenemos un problema reputacional asociado a esto. No podemos sustraernos a la indecente campaña desplegada por quienes quieren apropiarse de los fondos. Hemos de conducir la formación al ámbito de la negociación colectiva. (Son) cuestiones fundamentales para el cómo nos ven fuera de aquí que es lo que importa.”
Ahora más que nunca hay que negociar y llegar a acuerdos. Lo de antes era muy fácil: cuánto dinero tenemos, a ver cómo lo repartimos y luego a presumir de todo lo que hemos conseguido y cómo somos de listos. En momentos como este son imprescindibles los buenos negociadores; también es cuando la mejor opción es llegar a un acuerdo, porque ahora los acuerdos solucionan grandes problemas o amortiguan sus consecuencias negativas. Lamentablemente aún hay quien dice que “un paso atrás ni para coger carrerilla” o, más prosaicamente, que ahora no es momento de negociación, sólo de movilización.
“Presión y negociación. ¡Hombre! Si hay desequilibrio en estos momentos es a favor de la movilización. Si en algún momento de la historia del sindicato, diré más, si hay desequilibrios en ese binomio es en favor de la movilización. Y tenemos que reequilibrar, y tenemos que reequilibrar por el otro lado, por el otro lado. Claro que pacto, claro que sí; aprovechad el impulso de la movilización como siempre ha hecho esta organización tanto en los convenios colectivos concretos en el ámbito de las empresas, como en las relaciones generales en la sociedad. Nosotros no podemos salir de una huelga y no plantearle perspectivas a la gente y la perspectiva no es otra huelga al día siguiente, ni el mes después. La perspectiva es cambiar o conseguir que el impulso de la huelga cambie las circunstancias que nos obligaron a llevarla a cabo.
¿Cuándo es el momento de los pactos? ¿Cuándo no son necesarios o cuándo más los necesita como ahora la sociedad española? Pactos, sí, claro que sí.”
Contrato único. El Gobierno ha aprobado nuevos contratos precarios; mierda de contratos que sirven para que tengamos empresarios de mierda y trabajadores precarios y con escasa formación. Cuántos contratos más de mierda necesitamos para ver la necesidad de reivindicar la implantación de un contrato único con indemnización creciente.
“Hemos de ser valientes. Hemos de proponer una reforma radical de la contratación laboral en España. No podemos consentir ni un día más que los empresarios dispongan de un elevado contingente de trabajadores temporales a los que pueden despedir sin coste, sin causa y sin vergüenza cuando se presenta la primera dificultad. Son trabajadores de usar y tirar. ¡Basta ya! Hemos de proponer lanzar a la basura todos esos contratos precarios y crear un único contrato, indefinido desde el primer día y con indemnización creciente con la antigüedad.”
Toxo todavía no ha hecho este discurso. Todavía. 


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