domingo, 15 de septiembre de 2013

Sorry, I wanted to say “business for my friends”

Cuando Artur Mas prometió presidir un gobierno "business friendly”, quizá alguna alma cándida creyó que iba a eliminar trabas innecesarias y a favorecer la competencia para que el éxito empresarial dependiera de tener buenas ideas en lugar de buenos contactos. La realidad ha sido que ha hecho todo lo posible por mantener el modelo de capitalismo de amiguetes que tanto éxito ha tenido en toda España y al que tan aficionados son nuestros políticos y nuestros empresarios.

En Cataluña, en la sanidad este modelo se ha dejado notar especialmente. Mas nombró consejero de Sanidad a Boí Ruiz, quien hasta ese momento había sido presidente de la patronal Unió Catalana d’Hospitals. Boí Ruiz se estrenó en el cargo recomendando a todos los catalanes que nos hiciéramos de una mutua privada y puso al frente de l’Institut Català de la Salut (ICS), la mayor empresa sanitaria pública de Cataluña, a Josep Prat, quien simultaneó el cargo con el de vicepresidente de USP, cosa que él consideraba totalmente normal; finalmente tuvo que dejar el cargo por un asunto algo turbio. Al frente del Servei Català de la Salut (SCS) pusieron a Josep Maria Padrosa, quien no sabía que era apoderado de una empresa sanitaria privada; ahora tendrá que ir al Parlament a explicar los contratos millonarios que el SCS dio a las empresas de las que no sabía que era apoderado.

El resultado era totalmente previsible. La sanidad en Cataluña ha experimentado un trasvase de actividad desde el sector público al privado. Los recortes han sido superiores en el ICS que en la sanidad concertada y se mantiene a los hospitales públicos funcionando por debajo de su capacidad, mientras se pasa actividad a la sanidad privada. Hubo un intento, que de momento ha fracasado, de convertir el Hospital de Viladecans en un hospital ligero para pasarle actividad al nuevo y flamante hospital de Sant Boi. El último invento es la RAT. Un plan de reordenación territorial que de momento ya tiene una víctima: el Hospital Clínic de Barcelona. El Clínic debe cerrar un 9% de las camas para poder darle actividad al Hospital del Sagrat Cor, del cual hace pocos meses se hizo cargo la multinacional IDC Salud. Los malpensados creerán que IDC hizo una inversión garantizada y que ahora se le va a dar la actividad necesaria para que esta inversión sea rentable.

Estos son unos ejemplos (hay más) de lo que está pasando en la sanidad catalana y que son un reflejo del modelo sanitario y económico del gobierno de Artur Mas. Aunque lo disimule tras el idioma catalán o, en ocasiones, el inglés, su modelo es un capitalismo tan castizo como el español. Vamos, que o Artur Mas nos engañó o su nivel de inglés es solo un poco mejor que el de Ana Botella y en realidad quiso decir “bussiness for my friends”


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