lunes, 20 de enero de 2014

Conciliación de la vida laboral y familiar: conciliamos todos o precarizamos el empleo femenino


Hace unas semanas conocimos dos sentencias (aquí y aquí) que han puesto nuevamente de manifiesto la importancia de la ley 39/1999, de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras.

Una trabajadora de Carrefour con un hijo menor de 8 años comunica a la empresa que a partir de determinada fecha va a ejercer su derecho a reducir la jornada en un 12,5%, concretando su nuevo horario, que será de 10 horas a 16 horas, de lunes a sábado. Hasta la fecha su horario había sido de 14 horas a 21 horas, de lunes a sábado y domingos y festivos de apertura. La empresa aceptó la reducción de jornada, pero no la concreción horaria, ya que suponía una modificación de su régimen de jornada de trabajo pasando de turno fijo de tarde a turno fijo de mañana. El horario de la guardería del hijo de la trabajadora era de 9’30 horas a 17 horas. La trabajadora demandó a la empresa.

La jueza, en sentencia de 13 de noviembre de 2013, da la razón a la trabajadora. Argumenta que, si bien el Tribunal Supremo niega que el artículo 37 del Estatuto de los trabajadores establezca un derecho a elegir turno de trabajo, “en la situación que se analiza, no existe una petición de cambio de turno, sino reducción de jornada (…) En tal sentido, debe tenerse en cuenta que, como norma general, es a la trabajadora a quien se atribuye la facultad de concreción horaria del derecho a la reducción de jornada.” Continúa diciendo que habiendo quedado acreditada la necesidad de la trabajadora y no habiéndose acreditado por parte de la empresa problemas de carácter organizativo que puedan obstaculizar el derecho de la trabajadora ni razones para negar el horario solicitado, se debe estimar la demanda. Finalmente, “ante la temeridad de su pretensión y resistencia injustificada, al persistir en una posición procesal injustificada”, impone una sanción a Carrefour y la obliga a pagar los honorarios del letrado de la trabajadora.

El segundo caso (no he conseguido encontrar la sentencia) se produce en una empresa que ante la necesidad de reducir la plantilla, según parece por causas económicas, decide despedir a una trabajadora que disfruta de una reducción de jornada por cuidado de hijo. En la carta de despido, la dirección, seguramente asesorada por algún conspicuo enemigo, alega que a la hora de decidir despedirla a ella había valorado especialmente que tenía su jornada laboral reducida. El juez aprecia discriminación directa y declara nulo el despido y condena a la empresa a pagar una indemnización por daños morales. «Para el juez, resulta “sumamente desalentador” para los trabajadores que las empresas “valoren la reducción de la jornada como una pérdida de polivalencia efectiva” y como “una desventaja en la elección frente a trabajadores a jornada completa”».

Un éxito para dos trabajadoras que han visto como la ley y la interpretación favorable que hacen los jueces han garantizado sus derechos como trabajadoras. ¡Dos trabajadoras con contrato indefinido!

Los trabajadores, hombres, gozan del mismo derecho a la reducción de jornada por cuidado de menores, pero lamentablemente, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, son las mujeres las únicas que lo ejercen. Entre 2005 y 2012, el 95% de las reducciones de jornada por cuidado de hijo las han hecho mujeres. Por eso, sea desalentador o no, lo cierto es que desde 1999 las empresas han considerado una desventaja para las mujeres que todos los trabajadores tengan derecho a reducir su jornada y sólo las mujeres lo ejerzan. Las consecuencias son que desde 1999 las empresas son más reacias a ofrecer contratos indefinidos a mujeres en edad fértil; en su lugar contratan a hombres o hacen contratos temporales a mujeres jóvenes. La explicación es sencilla: los hombres no reducen la jornada por cuidado de hijos y los contratos temporales se acaban. Estas conclusiones están recogidas en un estudio (aquí, el estudio completo) de Daniel Fernández Kranz y Núria Rodríguez Planas.

Parece que es necesario un cambio radical en las políticas de conciliación. Éstas deberían orientarse hacia la inversión en escuelas infantiles, atención a las personas dependientes y corresponsabilidad de hombres y mujeres en el cuidado de niños y mayores, en lugar de insistir en las que sirven para reafirmar el papel de las mujeres como cuidadoras de niños y ancianos y que tienen efectos perversos sobre su empleabilidad y promoción.
 
No hay razones para el optimismo. El Gobierno (los gobiernos) ha reducido la inversión en escuelas infantiles y dependencia. Y despidió el año con dos medidas que insisten en errores pasados. En primer lugar, mediante el Real decreto ley 16/2013  ha ampliado la posibilidad de reducir la jornada por cuidado de hijos hasta que el menor cumpla 12 años. Y, en la última Ley de presupuestos ha retrasado hasta el 1 de enero de 2015 la entrada en vigor del permiso de paternidad de 4 semanas. Este permiso debía entrar en vigor el 1 de enero de 2011. ¡Se ha retrasado cuatro veces! Se aplazan medidas adecuadas y se profundiza en las que han demostrado sus efectos negativos.

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