domingo, 6 de julio de 2014

El precariado ya es mayoría

Hace unos días, cuando se publicaron las cifras de paro de junio, CCOO tituló: “Las personas con empleo indefinido y a tiempo completo han dejado de ser la mayoría de la población asalariada”. En el texto, decía: 
"Lo más destacable para CCOO es el cambio que se ha producido en 2014: el colectivo mayoritario de la clase trabajadora era el que tenía empleo de más calidad -empleo estable a jornada completa- que se consideraba como la situación normal mientras que las fórmulas precarias eran excepciones, que además tenían que estar justificadas y obedecer a una causa. Esto ya no es así, pues solo el 49,5% de las personas asalariadas pertenecen a este grupo, y se pone en cuestión la calidad de una incipiente recuperación de la actividad que se basa en la precariedad laboral y genera más desigualdad social."

Esto solo es parcialmente cierto: en España hace décadas que las fórmulas precarias de contratación no son una excepción y nuestra recuperación siempre se ha sustentado sobre la precariedad. Los datos, aunque estremecedores, no han sido ninguna sorpresa.

Aquí unos gráficos de Florentino Felgueroso que resumen la situación actual:



Hace más de 5 años, un grupo de economistas propuso para acabar con esta situación un contrato único con indemnización creciente. Como ellos eran 100, respondieron 700 (¡a ver quién la tiene más grande!), se les dedicó algún epíteto cariñoso (sobre todo, “neoliberal”, el comodín que vale para todo) y hasta ahora.

Tal como están las cosas, quizás ha llegado el momento de preguntarse qué hubiera pasado si en 2009 hubiéramos aceptado y negociado la propuesta. ¿Estaríamos mejor o peor que ahora? Yo no soy capaz de imaginarme una situación peor que la actual: más de la mitad de los trabajadores con contratos precarios y una cantidad no despreciable cobrando por debajo del salario mínimo y trabajando horas que no cobran.

Aquí, para hacer memoria, la propuesta; aquí, otra explicación.

En los últimos días se han publicado artículos con propuestas que giran en torno a la idea del contrato único o que proponen modificar la estructura de las indemnizaciones por despido. Todas, con el objetivo de reducir la precariedad. Aquí (esta tiene dos partes y sigue aquí), aquí  y aquí , tres ejemplos. Es evidente que hay un amplio margen para el debate y la negociación, pero ya no es tiempo de recetas viejas y fracasadas. El inmovilismo solo sirve para que, mientras Rosell nos entretiene con sus astracanadas, el Gobierno continúe aprobando medidas que precarizan más el mercado laboral.

Acabamos de ver qué pasa cuando los partidos tradicionales no dan respuestas sensatas a los problemas de la gente. Los parados y los trabajadores precarios también esperan respuestas. Y ya son mayoría.

(Actualizado 21-7-2014)

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